A Rosa María Blanco Sanz
Torre marina.
Rosa en la torre,
Rosa del desierto,
rosa de los vientos.
Vara de hada
cuya punta termina en una estrella.
Luz-semilla de brújula
que arde en el corazón.
En la noche sin luna y sin estrellas
aquel espacio que me aprisionaba
se abre, se va abriendo poco a poco,
como la tierra hendida por la reja.
Será mía.
La poseeré con mi varita mágica,
espada que conquista,
bordón de peregrina de las nubes
con los pies bien plantados en la tierra.
Construyo el aire.
Construyo andamios,
líneas de alambre,
de telaraña,
de nivel y plomada,
de tres en raya
que juego con la vida,
con la Vida.
Alas
serán mis pasos,
canción,
plegaria,
letanía.
No estoy sola,
ya no.
Debo pedir y agradecer,
aceptar en mi cara el viento y la cosecha,
vestirme de alegría y esperanza.