El blog de María Isabel Redondo.
Cita: de estos aires nunca se preocupa uno desde el valle.
Imagen: una niña sentada en un valle. A su espalda está el mar y, más allá, una montaña azul en cuya cima brilla una estrella.

Imagen:La niña se ha puesto de pie, y ahora mira hacia el mar, la cumbre y la estrella.
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sábado, 16 de diciembre de 2017

La virgen de la cueva



La virgen era de cristal de roca, aunque algunos la veían de jade verde, cuarzo rosa, jacinto o calcedonia, según fuera la cualidad de su alma. El viejo ermitaño que guardaba la entrada de la cueva tan solo les dejaba pasar de uno en uno, y a la salida les preguntaba sobre lo que habían visto.
—Era esbelta y hermosa, de olivino —decía una maestra de mediana edad.
—Era de turquesita, con el niño en los brazos —describía un ferroviario en paro.
—Una imagen magnífica, de oro puro. ¿Por cuánto me la vende? —preguntó un acaudalado hombre de negocios. Ni que decir tiene que no hubo trato.
Hasta que un día, un viejo minero jubilado, salió contando que era de carbón, tan pulida que parecía de ébano. Las lágrimas le corrían por las mejillas al recordar los años sirviendo bajo tierra, a los amigos muertos en el pozo y a su abuelo, cuando él era un mocoso y el mineral se extraía con pico y pala.
Regresó al día siguiente con una lamparilla que depositó a los pies de la bendita imagen, para que no estuviese a oscuras en las entrañas de la tierra. Y ella lloró diamantes que le cayeron en el hueco de las manos y que le permitirían vivir sus últimos años con dignidad, en compañía de sus hijos y nietos.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Amigos

   La pequeña Inés marcha hacia las afueras del pueblo con su sillita plegable y un cuento debajo del brazo. En pleno campo, encuentra un sitio tranquilo bajo un pino, despliega su silla y se sienta a leer a la sombra. Pasa el tiempo. Inés llora por el triste destino de la Sirenita y sus lágrimas caen sobre las páginas del libro dejando huellas redondas. Sobre su cabeza, el pino llora por la suerte de algún hermano suyo convertido en silla infantil o en papel. Llora agujas verdes con olor a verano y a resina que pinchan a la niña sin hacerle apenas daño. Conmovida, esta se levanta de su asiento, se abraza al grueso tronco y apoya la cabeza contra la áspera roña. Bajito, casi como le hablan las ardillas, empieza a contarle sus secretos. Él quisiera tener un hueco en su tronco donde poder guardarlos.
   A la mañana siguiente, Javier, que ha hecho novillos en la escuela, vuelve cabizbajo del río donde no ha pescado nada. Lleva su caña al hombro y su cesta vacía. «¡Vaya día perdido!, murmura entre dientes y se sienta, cansado, sobre una alfombra de tamujas, a la sombra del pino más frondoso del pinar. Se saca una navaja del bolsillo, corta un trozo de roña —al pino ni le duele— y comienza a tallar una barca mientras silba una alegre tonada que aprendió de su abuelo. La próxima vez que vaya al río, la barca flotará llevando algún tesoro hacia la mar lejana…
   Cuando Inés vuelve a su rincón de lectura favorito, lleva consigo un cuaderno escolar en donde escribe su primer poema. Como es secreto, lo esconde en un pequeño hueco que ha encontrado en la corteza de su pino.
   Pocos días después, sus versos, pasajeros en la barca de Javi, navegan sin temor hacia el mar infinito.

viernes, 4 de marzo de 2016

El don de lágrimas

Para Cristina

   Tenía una canción para llorar. Tan hermosa, que hasta el mundo y la luz de la tarde lloraban a la par de la niña. Y las benditas lágrimas la alzaban a una cima secreta sobre los valles donde la niebla duerme.
   Un mal día —deseaba desvelar el misterio—, la separó en capas como si fuera una cebolla y las analizó bajo el microscopio electrónico que le habían echado los Reyes. Se adueñó así de cada compás, de cada corchea, de cada bit de sonido. Y la canción fue suya, y la cantó con toda el ansia y la alegría del alma.
   Ahora, al cribar su tristeza, no encuentra los diamantes de las lágrimas.

jueves, 21 de mayo de 2015

Grafiteros

   Nadie lo sospechó hasta que fue demasiado tarde y ya habían conquistado el mundo a base de grafitis. Embebida en sus propios asuntos, la ciudadanía no se daba cuenta de que estaban utilizando los planos urbanísticos como tablero de juego, delimitando zonas con su firma ilegible adolescente, una y mil veces repetida sobre los muros de las fábricas abandonadas, estampada en las marmóreas paredes ladronas de los bancos y en los cercados de ladrillo protectores de urbanizaciones pijas; oculta, insidiosa, incluso bajo carteles electorales que prometían un cambio.
   Conquistaron el mundo, y en las fábricas fabricaban colores, y en las escuelas enseñaban a pintar paredes y a escribir en spray los nombres de la paz y la alegría en letras ininteligibles.
   Tatuaban sus cuerpos con mmonogramas, soles y estrellas. Y pintaban bisontes en las cuevas con la sangre de sus enemigos.
   Sobre las páginas sedosas de las biblias diseñaron en rojo nuevas leyes.
   Los castigos de la rebeldía se escriben en frases infinitas sobre las vías del tren.

martes, 15 de julio de 2014

Bajo el Puente de los Deseos

   Bajo el Puente de los Deseos vive una familia que no cumplió el suyo.

lunes, 14 de julio de 2014

La doncella con el corazón de cristal

   La doncella con el corazón de cristal tenía, coronando este como al Sagrado Corazón de Jesús, una guirnalda de espinas cuyas agudas aristas se le clavaban en los sentimientos ahogando prácticamente cualquier conato de felicidad. Lloraba lágrimas de arena que incrementaban el sinnúmero de las estrellas del cielo que se miraban en la playa anochecida. Salobre el mar, se hacía eco en sus olas del canto no nacido, de la tristeza no vertida en notas ni en versos que atormentan y curan cual roderas de fuego. Y era niña, niña de muchos años y de múltiples vidas en sus ojos violetas de niebla. En su centro, la imagen de un refugio, una cabaña-hogar donde arde el fuego rojo de la esperanza.
    Un amante peregrino trenzara hace mil años sus cabellos de trigo con flores bendecidas. Nadie osó deshacer aquel entramado de oro que al verlo recordaba ese cuento de la doncella hilandera y el Enano Saltarín.
   Su vestido, tejido por las hadas guardianas de su nombre, consistía en varias capas semejantes a pétalos de seda o alas de mariposa, protectores de un cáliz estéril, cueva delicadísima para un manantial yermo.
   Caminaba descalza, y sus pies recordaban los cabellos de nieve de su abuela. Sobre la arena finísima, escribían en la arcana lengua íntima del mundo la canción del alma.
   Hasta que una nota, un día, arrancada del laúd de un marino errante en su barco de velas de seda y jarcias de coral que llaman el Infante Arnaldos, quebró de parte a parte su corazón de cristal como el espejo de la Dama de Shalott.
   Con el correr del tiempo, la playa devino en una gris ciudad portuaria, y el hito que marcaba el lugar donde murió la desdichada creció hasta convertirse en la torre del Centro de Negocios.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Navidad cautiva

    En Belén de Judá nació Jesús… Una estrella se salió de su ruta y vino a pararse encima de donde estaba el Niño… Y una esfera de cristal apareció de la nada y englobó en su seno a María Virgen, a José y al Pequeño; a la mula y al buey y al portal entero; a los pastores en fiesta junto con sus ovejas, el río y la aldea en pleno, llegando a alcanzar hasta al mismísimo castillo del rey Herodes y a los Reyes Magos quienes, todavía a muchas leguas de distancia, venían atravesando el desierto a lomos de sus camellos.
    Papá Noel tomó la bola en sus manos enguantadas de lana, la metió en una caja que envolvió en papel dorado de regalo y la adornó con un lazo rojo. Ahora está en venta en unos grandes almacenes con hilo musical de villancicos.

miércoles, 17 de julio de 2013

Yago, constructor

    Mi amigo Yago construyó una pirámide de Egipto a escala, pequeñita. Vamos, una pirámide para hormigas. Pero, como estaba hecha con terrones de azúcar, las hormigas la tomaron por asalto y se dieron el gran banquete. Todas menos una exploradora, que se perdió en el gran laberinto subterráneo, donde murió de indigestión mientras buscaba en vano la salida. Allí quedó momificada y, como es costumbre enterrar a las momias junto con algún tesoro que se puedan llevar a la otra vida, Yago le hizo uno a base de canicas y papeles de plata de colores.
    Aquellas vacaciones levantó en la playa un castillo de arena fina, blanco y majestuoso, en donde caballeros invisibles luchaban a espada para probar su valor. Pero una ola se lo llevó a las profundidades marinas. Quizás ahora lo habiten estrellas y caballitos de mar y sea la casa de muñecas de alguna sirena.

Pirámides egipcias

viernes, 12 de julio de 2013

La primera vez que lloré con una canción

    Papá tenía un juguete nuevo: un radiocassette con flamantes botones metalizados –plata, rojo y azul, mi favorito– y un contador cuyos números blancos corrían lentamente a la par que la cinta magnetofónica. A los niños no nos lo dejaban tocar, pero a través de nuestra madre, que ejercía de operadora, lo aprovechábamos como el que más, disfrutando de la música y los cuentos enlatados...

Puedes seguir leyendo (y hasta comentar, si te apetece) en:
http://www.laprimeravezque.literaturasm.com/?p=358

lunes, 8 de julio de 2013

La última valla


            El lunes por la mañana, al comienzo de la jornada laboral, Laura abrió el correo electrónico, concretamente la carpeta dedicada a la lista de su grupo profesional, y esto fue lo que encontró:

Buenos días, Laura:

                Tal como bien señalas en tu mensaje, creo que este no es el canal adecuado para realizar esas valoraciones, ya que esta lista tiene carácter técnico. Por ello, os rogaría que esta lista se utilice para el objetivo que fue creada.

Firmado por el coordinador de su categoría.
A lo largo de la mañana, Laura ordenó el despacho y presentó la dimisión.
Aquella misma tarde cargó el coche como para unas vacaciones y, tras dejar que los sucesivos tramos de autopista la llevaran lejos, montó la tienda de campaña en medio de un prado. Ya no habría más vallas que limitaran sus espacios de libertad.

miércoles, 3 de julio de 2013

Reyes sin pan

   Dora puso sus zapatos de tacón junto al radiador, al pie de la ventana, como había hecho toda la vida. Al lado, el consabido vaso de leche y las galletas para Sus Majestades. Sin embargo, a la mañana siguiente no halló ningún paquete sobre el parquet brillante. Era lógico, pues ya no le quedaba nadie que le hiciera un regalo de Reyes: sus padres fallecidos hacía tiempo, y sus hermanos y sobrinos con vidas independientes en universos paralelos separados del suyo por cientos de kilómetros de autopista.
   Llevó el vaso de leche a la cocina, la calentó en el microondas y se la tomó acompañada de las galletas. Luego se arregló, y cuando las campanas llamaron a los fieles a celebrar el día festivo, salió de casa sin olvidarse de cerrar con dos vueltas de llave. En el monedero, un euro para la colecta y otro para la barra de pan que compraría más tarde.
   Iba aún meciéndose en el regazo del Amado, la comunión reciente, cuando la pobre que pedía a la salida de misa le regaló un clavel que parecía de terciopelo rojo. Inclinándose, Dora le echó la moneda restante en la caja de cartón al tiempo que murmuraba «muchas gracias». Aquel día de Reyes comería sin pan.

Clavel rojo

martes, 25 de junio de 2013

La niña interior

    Jesús dijo: «La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él. Mas la verdad de aquellas palabras conjuró, en medio del torrente psicodélico, visiones de enramadas con olor a verano bajo el sol de la infancia. Tiempo después, Elvira había superado su adicción a las drogas.

jueves, 20 de junio de 2013

Rebeca forever


(Ganador I Certamen de Relato Breve ESMATER 2012)


Un escalofrío, que ni la calidez del vestido de novia de su abuela pudo mitigar, sacudió a Amaia cuando Jesús puso en su dedo la alianza: un aro de oro muy sencillo —como ella había pedido— con un pequeño diamante azul. En la parte interior, diametralmente opuesta a la fecha y al nombre de su amado, figuraba la palabra Algiordanza, grabada en caracteres minúsculos.
—Sí: Enrico Algiordanza, el artista italiano que diseñó el anillo —le informaría más tarde su marido, en la playa tropical donde pasaron la luna de miel.
Al regreso, el hogar conyugal le pareció a ella un sueño. Jesús había tenido el buen gusto de retirar cualquier objeto que recordara a su difunta primera esposa. No obstante, según pasaban los días, Amaia se sentía cada vez más como la protagonista de Rebeca. Le resultaba imposible sustraerse a aquella sensación de estar siendo observada, a las corrientes de aire inexplicables que la asaltaban mientras trabajaba en sus cuadros, a solas en la mansión poblada de ecos.
Después vinieron las pesadillas, que apenas remitían con las infusiones relajantes que su marido le preparaba. Probaron a mudarse al ático de la ciudad, pero el entorno no parecía afectar a sus inquietantes sueños.
Un día —llevaban ya ocho meses de casados— buscó, por hacer algo, el apellido del padre del anillo. El primer resultado devuelto por el Google le arrancó un grito que hizo temblar todas las cristaleras: «creación de diamantes a partir de cenizas funerarias de sus seres queridos». Pero tuvo la suficiente presencia de ánimo para preguntarle a Jesús, cuando volvió del despacho:
—¿De qué murió Alicia?
—De exceso de curiosidad —sonrió él, sardónico, mirando de soslayo los restos de la tisana de Amaia, más cargada que de costumbre.
Su tercera esposa tendría un par de pendientes de diamantes.

martes, 4 de junio de 2013

La abuela niña

            Le compraron gran cantidad de ropa nueva: faldas, blusas, chaquetas… y la marcaron toda con un número bordado a punto de cadeneta, como cuando a los once años la mandaron al internado. Pero en este colegio nuevo de ahora no aprendería nada, sino que poco a poco iría olvidando los puntales y las alegrías de su vida pasada. Al final apenas le quedaría alguna canción, mísera y dulce herencia. Alguna rosa del jardín que acaso potenciara su sensación de infancia. La caricia de un chal de lana azul que cobijara su desvalimiento. El sabor de una galleta o un Cola-Cao. Tal vez alguna de las cuidadoras, por entretenerla, le diera en algún rato libre un cacharro de plástico para hacer pompas de jabón, tan frágiles como su mente.

sábado, 23 de marzo de 2013

De nieve y de fuego

Publicado en el número 125 de la Revista Digital miNatura: Alquimia.

Portada de la Revista Digital miNatura 125
«Ponme junto a tu corazón como un talismán», le escribí al amado de mi alma en un rapto de inspiración.
Pero él, que, como buen alquimista, es dueño de un espíritu tan práctico como poco poético, lo tomó en su sentido literal y me encerró, tras el conveniente proceso de reducción, en una bola de cristal de nieve, que colgó de su cuello de una cadenita de oro.
—¿Quieres que nieve? —me pregunta todos los días.
—Sí, quiero —le contesto yo.
A veces nievan sobre mí pétalos de flores de almendro o membrillero. Así me acaricia. Pero lo habitual es que mi dulce amor haga caer sencillamente nieve, que no deja de ser, bajo otra forma, agua, uno de sus queridos Cuatro Elementos. Yo estoy a punto de morir de frío de no ser por la pequeña hoguera que arde sin consumirse en el centro de mi hogar-prisión: fuego. El tercer elemento es el aire: un aire de montaña en eterna quietud silenciosa que llena este orbe esférico donde no existe el tiempo.
El cuarto elemento soy yo, pues mi bienamado se tomó la libertad de sustituir la tierra por la vida.
Como no existe el tiempo, tampoco existe la añoranza. Ni el hambre, ni la sed… Sé bien que ningún daño puede sobrevenirme aquí, junto al suave latido del corazón de aquel por quien bebo los vientos.
—Serás joven por siempre; amada por toda la eternidad —me repite una y otra vez en su lengua arcana, que solo ahora estoy empezando a comprender, mientras, como quien saca agua de un pozo, extrae de mí y de mi entorno la energía para convertir el plomo en oro.

martes, 22 de enero de 2013

Pequeños ángeles

Publicado en el número 124 de la Revista Digital miNatura: Ángeles y demonios.

Portada de la Revista Digital miNatura 124
Tras haber fichado en el identificador molecular, la pequeña Dox se dirigió a la zona de embarque. Era su primer día de trabajo, y quería hacerlo bien. Su transporte, un nanodiamante perfecto, ya la estaba esperando. Se abrazó a él según establecía el protocolo y dejó que sus «alas» —así llamaba el Instructor a los enlaces— encajaran en los huecos diseñados al efecto. Le sobrevino entonces una sensación de frío que al instante, en cuanto el vínculo se hubo establecido, se transformó en la gozosa intimidad de la fusión de ambas entidades en un todo gestáltico, mayor que la suma de sus partes.
Ninguna de las charlas la había preparado para aquella especie de éxtasis. El cristal era hermoso, diáfano, y constituía una extensión de su propio ser que multiplicaba su eficacia. Podía llegar más lejos, más rápido, y actuar durante más tiempo. Englobada en él, se dejó llevar a velocidad de crucero por el torrente sanguíneo del paciente hasta la zona afectada. Además, el pequeño diamante actuaba como escudo y armadura que impedía que la «espada de fuego» —así la llamaban en el curso de formación— causara más daño del estrictamente necesario.
Y de ese modo pasó la jornada: segando en aquel campo de células malignas hasta que ya no pudo más. La molécula que era Dox había agotado su potencial curativo y ahora se desvanecía lentamente en su caparazón diamantino. Su última visión antes de la negrura fueron el rostro aureolado de luz y las alas de plata del Instructor, a quien acompañaba uno de sus iguales:
—¡Cómo cambian los tiempos, Rafa! —comentó el Instructor mientras dejaba que la luz de su ser inmortal inundara de vida a su maltrecha discípula.
—¡Y que lo digas, Míguel, compañero! Como esto de la miniaturización siga así, al final acabaremos siendo partículas subatómicas. Pero el que manda, manda…
—¡Quién como Dios! ¡Sea por siempre alabado! —exclamó el primero—. Anda, vete a llevarle el parte a Gabi, que enseguida termino de reanimar a esta criatura.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Reverso

   Al otro lado del espejo la tiniebla era luz. De esa delgada lámina de azogue a la que casi todos llaman muerte.

lunes, 23 de julio de 2012

Epílogo

Publicado en el número 120 de la Revista Digital miNatura: Guerras futuras.

Portada de la Revista Digital miNatura 120
El último niño sobre la faz del planeta cogió su fusil de plástico verde e intentó jugar a la guerra, pero ya no había nadie que hiciera de enemigo.
No volvió a verse el sol, y las nubes lloraron con él lágrimas radiactivas.

domingo, 22 de julio de 2012

Fallo generalizado


            El sistema educativo fracasó con Anita, como con muchos otros. Más tarde, el sistema laboral tampoco le otorgó lo que prometía. A los cuarenta y cinco años le diagnosticaron un cáncer de mama. Pero, habida cuenta de tales antecedentes, confiar en el sistema sanitario era cuando menos una burla.

El alquimista digital


            Desde siempre había soñado con ser mago, pero la suerte quiso que naciera con varios siglos de retraso. Sin embargo, cuando dejaba que sus dedos se deslizaran libremente sobre el teclado del ordenador, las palabras se transformaban en magia.