Cita: de estos aires nunca se preocupa uno desde el valle.
Imagen: una niña sentada en un valle. A su espalda está el mar y, más allá, una montaña azul en cuya cima brilla una estrella.
lunes, 24 de octubre de 2011
Pequeña resurrección
Me sostiene el ritmo de las palabras,
aunque hoy no pueda aprehender su sentido.
La reja hacia la libertad quizás se abra muy pronto.
martes, 18 de octubre de 2011
Dijo el jardinero

Dijo el jardinero:
—Si una sola brizna de hierba es capaz de alegrar por un minuto la vida de algún transeúnte, habrá merecido la pena plantar este jardín.
Y siguió adelante, empujando su carretilla gris por el camino de arena mientras silbaba una canción.
lunes, 17 de octubre de 2011
Una nueva semana
Tienes una nueva semana por delante para descubrir el Amor de Dios y la Belleza del mundo.
domingo, 16 de octubre de 2011
Llego a casa
Llego a casa a las siete de la tarde. Me reciben la luz soñolienta, el sielencio, un vaso de agua fresca y un libro.
Green Door
En la esquina de mi calle hay un bar que debió de cerrar el año que mi madre estrenó sus primeros tacones. Las dos ventanas así como la puerta del local, veladas de blanco, se encuentran protegidas por verjas pintadas de verde. ¿Quién se encargará de repintarlas?
El caso es que, en los ocho años que llevo en el barrio, jamás he observado allí la más leve señal de movimiento, el más pequeño signo de vida. Pero el otro día vi levantar la verja a una muchacha vestida de blanco. Empujaba un carrito con ropa igual de blanca que su uniforme, recién planchada.
Ahora sí que me pregunto qué habrá ahí dentro: ¿una lavandería clandestina con mano de obra esclava del siglo XXI?, ¿una residencia de ancianos ilegal?, ¿un comedor social donde los fantasmas del pasado van a disfrutar del menú del día?... ¿o acaso únicamente el almacén de alguno de los dos hoteles próximos?
Estaré atenta en lo sucesivo, no vaya a ser que al fin, en uno de mis recorridos cotidianos por esa acera, vaya a averigur por pura casualidad lo que se oculta tras la puerta verde.
sábado, 15 de octubre de 2011
Al pan pan y al vino vino
AL PAN PAN Y AL VINO VINO
Llámale pan al pan
y al vino vino.
Que «pan» sabe a algo bueno
que pide el niño:
«A lo pobre, a lo pobre,
a lo rico».
Que «pan» sabe a trabajo
y a padrenuestro verde
atardecido
en casa de la abuela,
a sopas de ajo
hechas en sartén negra,
«a lo albañil».
A sol y a trigo.
Llámale pan al pan
y al vino vino.
Que «vino» sabe a dulce
seño tranquilo.
Crisol de luz rosada,
gozo y dolor reunidos.
Que «vino» sabe a vid,
a fiesta, a amigos,
a mis padres y abuelos,
al pueblo y a la tierra,
al tiempo mismo.
Llámale pan al pan
y al vino vino.
viernes, 14 de octubre de 2011
El farolero actínico
El ángel despertó. Extendió sus alas nacaradas y las movió dos o tres veces para desentumecerlas. Enseguida, el alba comenzó a teñir de azul el interior de la iglesia en ruinas, señalando el inicio de su jornada de trabajo.
Con la redoma en la mano, se dirigió al ventanal de la izquierda del ábside. Sin duda el maestro vidriero que lo había fabricado conocía bien su oficio pues, cuando la luz solar atravesaba sus cristales de colores, adquiría una cualidad única que invitaba a la oración y al recogimiento. Y algo más.
Fundidas en transparencia con el oro, rubí, lapislázuli, esmeralda, púrpura… que se desprendían de aquel esmalte luminoso, venían las precisas frecuencias matemáticas que predisponen el ánimo hacia estados de armonía. Y el ángel vendimiaba aquellas semillas de alegría y esperanza y las guardaba con cariño de hortelano en su matraz panzudo como un balón.
Cuando la luz del sol giró midiendo el tiempo de los hombres y dejó de incidir sobre la pared este, el ángel emprendió el vuelo hacia aquella ciudad donde siempre es de noche. Y voló de farola en farola, cual mariposa actínica, fecundando la luz desnutrida de las lámparas de bajo consumo que intentan, sin lograrlo, iluminar sus calles.
Una vez hubo acabado de fumigar los árboles de Edison, regresó a la vieja iglesia bañada por la luz de la luna, se encaramó al ventanal de la izquierda del ábside y se fundió con la vidriera a la que pertenecía, para pasar la noche.
Muchos se preguntan cómo es posible que las gentes de las ciudades del norte no mueran de tristeza durante los seis meses de oscuridad.