El blog de María Isabel Redondo. Cita: de estos aires nunca se preocupa uno desde el valle. Imagen: una niña sentada en un valle. A su espalda está el mar y, más allá, una montaña azul en cuya cima brilla una estrella.
Imagen:La niña se ha puesto de pie, y ahora mira hacia el mar, la cumbre y la estrella.
Mientras los sintetizadores automáticos rezan continuamente el oficio divino, el miedo azul ultramar toma a los hijos de los hombres bajo la sombra de sus alas y les impide conciliar el sueño. Las cuentas del rosario no se iluminan al transcurso de las avemarías. Las luces de los árboles navideños cantan villancicos heavy. Dicen que Dios, allá en su monte alto, ha abierto una ventana a la esperanza, mas no sabemos cómo llegar allá. El GPS y el Siri solo marcan la ruta a grandes centros comerciales.
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En su deseo de llegar al cielo, las lámparas de vapor de mercurio forman una escalera de caracol en torno al poste de acero. En la plaza nocturna huele a churros: hogar, fiesta, presencia en la distancia de una amiga.
No pretendo imitar a la autora de un blog amigo, que suele iniciar cada mes con una estupenda propuesta musical, pero este noviembre
«único e irrepetible» bien merece una excepción. Abrámosle la puerta a este mes loco, amarillo y mágico.
Llego a casa de noche. Como cuando era pequeña, la luna me ha acompañado la mitad del camino, sobre la línea tricolor del horizonte, jugando al escondite por detrás de las nubes o entre la cabellera de un árbol deshojado, presumiendo de sus diamantes en los charcos.
No sé si fue en otoño, pero recuerdo cómo, no hace muchos años, un amigo del alma me descubrió a Loreena McKennitt. Su música fue uno de los regalos más preciosos que he recibido en la vida.
Seleccionar una sola canción de Loreena sería comparable a pretender elegir una sola flor o una única puesta de sol de entre todas las maravillas existentes.
Sospecho que, tras una larga desconexión prudencial por mi parte, esta tejedora de sueños me va a acompañar también en este otoño que comienza.
(Dejaremos a Luar Na Lubre para otra estación del año o del alma).