Cita: de estos aires nunca se preocupa uno desde el valle.
Imagen: una niña sentada en un valle. A su espalda está el mar y, más allá, una montaña azul en cuya cima brilla una estrella.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Agua de mina
Colores, los de los paraguas,
los de cien mil anuncios.
Luz-vida, la de los semáforos.
El agua torrentera codifica el mundo en fideos de cristal
al otro lado de la ventanilla del bus.
Náufraga en vida,
camina mi Esperanza,
sin paraguas,
casi al vuelo
sobre las obras de color arcilla
mientras recuerda
—todo me va minando—
que la mina es un pozo.
jueves, 18 de marzo de 2010
Alegría
Hoy me regalas el gozo de la Alegría, como una bola de Navidad, verde y dorada. Los colores del bosque, de la sidra y de la fiesta.
¡Bendito y alabado seas!
viernes, 12 de marzo de 2010
A la memoria de Miguel Delibes
A la memoria de Miguel Delibes, que murió sin recibir el premio Nobel. Con mi mayor admiración.
¿Quién dirá tus palabras
de surcos y de viñas,
las de mis padres, las de mis abuelos,
preciosa, humilde herencia,
mínimo común múltiplo del alma castellana,
ahora que tú te has ido?
viernes, 5 de marzo de 2010
La melancolía
«La melancolía es el territorio donde nacen las canciones.»
(Joaquín Sabina)
«La felicidad es un territorio tan yermo como el desierto de Nevada, pero en Las Vegas te puedes casar vestido de Elvis.»
(David Carretero)
martes, 2 de marzo de 2010
Morir por un sueño
Anoche, mi jarra de la leche soñó que era un balón de baloncesto. Acabo de recoger sus pedazos: no consiguió llegar indemne al segundo bote.
El gato de la SGAE
Ayer por la tarde, en la copistería, un gato blanco desde la punta de los bigotes hasta la punta de la cola, vigilaba sentado en el extremo del mostrador para que ninguno infingiéramos la Ley de Propiedad Intelectual.
lunes, 1 de marzo de 2010
Anclas
Todos los días, los milagros nos aguardan escondidos detrás de una esquina, aunque sea envueltos en papel de embalar o en tela de saco. Así, hace poco tropecé por puro azar con unas palabras que me recordaron eso de «estar atento al aquí y al ahora»… pero no de una forma teórica, sino sencilla y práctica.
Que mis anclas sean, pues,
los colores del mundo
y cuantos sonidos llegan hasta mí.
Los olores, los sabores, las texturas…
Que al menos ellos me sostengan
cuando no pueda apoyarme en nada más.
Una nave sin ancla va a la deriva.
Las anclas no son cadenas,
sino hilos de luz
que nos atan a la tierra
mientras, como una cometa,
esa parte de nosotros que llamamos espíritu,
y que es nosotros mismos,
puede volar.